¿Existe una tarifa fija?
No. En Chile no hay una tabla ni un arancel que diga “tal lesión vale tanto”. Cada indemnización se construye a partir del daño real y comprobable de la persona afectada. Por eso, desconfía de quien te promete una cifra exacta en la primera llamada: sin revisar tu ficha clínica y tus circunstancias, nadie puede garantizar un monto.
Los tres tipos de daño que puedes reclamar
La indemnización suele componerse de:
- Daño emergente: los gastos efectivos que el daño te ocasionó —tratamientos, cirugías correctivas, medicamentos, terapias—.
- Lucro cesante: lo que dejas (o dejarás) de ganar por la pérdida o disminución de tu capacidad de trabajar.
- Daño moral: el sufrimiento físico y psicológico, el dolor, la angustia y la afectación a tu calidad de vida. Es el componente más relevante en muchos casos.
¿De qué depende el monto?
Entre los factores que más pesan:
- La gravedad de la secuela y si es permanente o temporal.
- La edad de la persona y su capacidad de generar ingresos.
- El impacto en la vida diaria, familiar y laboral.
- La solidez de la prueba: informes médicos, peritajes y documentación que respalden cada perjuicio.
En casos especialmente graves, como ciertas negligencias obstétricas con secuelas permanentes, la jurisprudencia chilena ha reconocido indemnizaciones de varias decenas o cientos de millones de pesos. No es una garantía: es un rango que ilustra que, bien probados, estos casos pueden alcanzar montos significativos.
¿Cuánto cobra el abogado por el caso?
El modelo más justo para el paciente suele ser “no pagas honorarios si no obtenemos un resultado”: el abogado cobra un porcentaje solo si el caso prospera, alineando su interés con el tuyo. Exige siempre que las condiciones queden por escrito antes de firmar.